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Editorial SAN PABLO
 
La liturgia cotidiana

La liturgia cotidiana
La Liturgia Cotidiana es una revista mensual que contiene todo lo que la Iglesia conmemora y vive en la Eucaristía: calendario litúrgico, las oraciones de la misa, las lecturas litúrgicas, reflexiones de los textos bíblicos y explicaciones de las fiestas, solemnidades y memorias que se celebran cada día.
Jueves 25/05
Viernes 26/05
Sábado 27/05
Domingo 28/05
Lunes 29/05
Martes 30/05
Jueves 25 de Mayo de 2017

Misa a elección:

Jueves VI de Pascua. Blanco.
San Gregorio VII, papa. (ML). Blanco. 

San Beda el Venerable,
presbítero y doctor de la Iglesia. (ML). Blanco.
Santa María Magdalena de Pazzi, virgen. (ML). Blanco.


Primer Gobierno patrio.


Beda vivió en Inglaterra en el siglo VII. Fue un monje benedictino que se dedicó al estudio y la investigación. Su obra más importante es la Historia eclesiástica de los anglos, donde recoge los datos sobre la llegada del Evangelio a Inglaterra y la expansión de la Iglesia. Al final de su vida, decía con alegría: “Yo tuve como tarea agradable aprender, enseñar, escribir. Gloria a Dios”.

San Gregorio nació en el año 1020 en la región de Toscana (Italia). Fue monje, luego fue Papa, luchó seriamente por liberar a la Iglesia de manos del poder feudal y recuperó la disciplina del clero y de la Iglesia en general. Murió en Salerno, en el año 1085.

María Magdalena fue religiosa carmelita desde el año 1582 hasta el 1607, año de su muerte. Fue una gran mística, que dejó expresada sus profundas experiencias de Dios en su libro Revelaciones. También cumplió un importante papel en la contrarreforma, escribiendo numerosas cartas a obispos y cardenales para que llevaran adelante las resoluciones de la Iglesia.

Antífona de entrada         cf. Sal 67, 8-9. 20

Señor, cuando saliste al frente de tu pueblo, abriéndole camino y conviviendo con él, tembló la tierra y el cielo dejó caer su lluvia. Aleluya.

Oración colecta    

Dios nuestro, que hiciste a tu pueblo partícipe de tu redención, concédenos la gracia de alegrarnos profundamente por la resurrección del Señor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

O bien:         de san Beda el Venerable

Dios nuestro, que iluminas a tu Iglesia con la sabiduría del presbítero san Beda, concédenos ser guiados por sus enseñanzas y sostenidos por sus méritos. Por nuestro Señor Jesucristo…

O bien:         de san Gregorio VII, papa

Señor nuestro, concede a tu Iglesia el espíritu de fortaleza y el celo por la justicia que hiciste brillar en el papa san Gregorio, para que, apartándose del mal, practique cuanto es recto, con libertad y amor. Por nuestro Señor Jesucristo…

O bien:       de santa María Magdalena de Pazzi

Dios nuestro, que amas el don de la virginidad, tú enriqueciste con virtudes celestiales a santa María Magdalena, virgen, encendiéndola con el fuego de tu amor; concédenos que, al venerarla, lleguemos a imitar sus ejemplos de pureza y caridad. Por nuestro Señor Jesucristo…

Lectura        Hech 18, 1-8

Lectura de los Hechos de los apóstoles.

Pablo dejó Atenas y fue a Corinto. Allí encontró a un judío llamado Aquila, originario del Ponto, que acababa de llegar de Italia con su mujer Priscila, a raíz de un edicto de Claudio que obligaba a todos los judíos a salir de Roma. Pablo fue a verlos, y como ejercía el mismo oficio, se alojó en su casa y trabajaba con ellos haciendo tiendas de campaña. Todos los sábados, Pablo discutía en la sinagoga y trataba de persuadir tanto a los judíos como a los paganos. Cuando Silas y Timoteo llegaron de Macedonia, Pablo se dedicó por entero a la predicación de la Palabra, dando testimonio a los judíos de que Jesús es el Mesías. Pero como ellos lo contradecían y lo injuriaban, sacudió su manto en señal de protesta, diciendo: “Que la sangre de ustedes caiga sobre sus cabezas. Yo soy inocente de eso; en adelante me dedicaré a los paganos”. Entonces, alejándose de allí, fue a la casa de un tal Ticio Justo, uno de los que adoraban a Dios y cuya casa lindaba con la sinagoga. Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor, junto con toda su familia. También muchos habitantes de Corinto, que habían escuchado a Pablo, abrazaron la fe y se hicieron bautizar.

Palabra de Dios.

Comentario

En su vocación de llevar la palabra de Jesús, Pablo debe asumir diversos estilos de vida y enfrentar conflictos y hasta peleas. No se guarda nada, muestra ante todos quién es y qué cree. Es absolutamente auténtico, característica necesaria en todo apóstol.


Sal 97, 1-4

R. ¡El Señor reveló su victoria a las naciones!

Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas: su mano derecha y su santo brazo le obtuvieron la victoria. R.

El Señor manifestó su victoria, reveló su justicia a los ojos de las naciones: se acordó de su amor y su fidelidad en favor del pueblo de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios. Aclame al Señor toda la tierra, prorrumpan en cantos jubilosos. R.

Aleluya        cf. Jn 14, 18

Aleluya. “No los dejaré huérfanos; me voy y volveré a ustedes, y se alegrará su corazón”, dice el Señor. Aleluya.

Evangelio     Jn 16, 16-20

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos: “Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver”. Entonces algunos de sus discípulos comentaban entre sí: “¿Qué significa esto que nos dice: ‘Dentro de poco ya no me verán, y poco después, me volverán a ver’? ¿Y qué significa: ‘Yo me voy al Padre’?”. Decían: “¿Qué es este poco de tiempo? No entendemos lo que quiere decir”. Jesús se dio cuenta de que deseaban interrogarlo y les dijo: “Ustedes se preguntan entre si qué significan mis palabras: ‘Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver’. Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo”.

Palabra del Señor.

Comentario

“La alegría del Evangelio es esa que nada ni nadie nos podrá quitar (cf. Jn 16, 22). Los males de nuestro mundo –y los de la Iglesia– no deberían ser excusas para reducir nuestra entrega y nuestro fervor. Mirémoslos como desafíos para crecer. Además, la mirada creyente es capaz de reconocer la luz que siempre derrama el Espíritu Santo en medio de la oscuridad, sin olvidar que ‘donde abundó el pecado sobreabundó la gracia’” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n. 84).

Oración sobre las ofrendas       

Lleguen hasta ti, Señor, nuestras oraciones junto con estas ofrendas, para que, purificados por tu gracia, recibamos el sacramento de tu inmensa bondad. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión      Mt 28, 20

Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo. Aleluya.

Oración después de la comunión

Dios todopoderoso, que nos haces renacer a la vida eterna por la resurrección de Cristo, concédenos que los sacramentos pascuales den fruto abundante en nosotros, e infunde en nuestros corazones la fuerza de este alimento de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes 26 de Mayo de 2017

San Felipe Neri, presbítero
(MO). Blanco.

Felipe vivió en Roma trabajando como empleado de un comercio, mientras conocía la vida de la gente sencilla y de los jóvenes. Se ordenó sacerdote y comenzó a trabajar pastoralmente con la gente de la calle. Fundó la Congregación del Oratorio, desde la cual se dedicó a la atención espiritual de los jóvenes. Se lo recuerda siempre alegre y sonriente. Según él, “las almas alegres entran más fácilmente en las vías del Espíritu”. Murió en Roma en el año 1595.

Antífona de entrada         Rom 5, 5; cf. 8, 11

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado. Aleluya.

Oración colecta    

Dios nuestro, que elevas a tus servidores fieles a la gloria de los santos, concédenos que el Espíritu Santo nos encienda con aquel fuego que penetró admirablemente el corazón de san Felipe Neri. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        Hech 18, 9-18

Lectura de los Hechos de los apóstoles.

Una noche, el Señor dijo a Pablo en una visión: “No temas. Sigue predicando y no te calles. Yo estoy contigo. Nadie pondrá la mano sobre ti para dañarte, porque en esta ciudad hay un pueblo numeroso que me está reservado”. Pablo se radicó allí un año y medio, enseñando la Palabra de Dios. Durante el gobierno del procónsul Galión en Acaya, los judíos se confabularon contra Pablo y lo condujeron ante el tribunal, diciendo: “Este hombre induce a la gente a que adore a Dios de una manera contraria a la Ley”. Pablo estaba por hablar, cuando Galión dijo a los judíos: “Si se tratara de algún crimen o de algún delito grave, sería razonable que los atendiera. Pero tratándose de discusiones sobre palabras y nombres, y sobre la Ley judía, el asunto les concierne a ustedes; yo no quiero ser juez en estas cosas”. Y los hizo salir del tribunal. Entonces todos se apoderaron de Sóstenes, el jefe de la sinagoga, y lo golpearon ante el tribunal. Pero a Galión todo esto lo tuvo sin cuidado. Pablo permaneció todavía un cierto tiempo en Corinto. Después se despidió de sus hermanos y se embarcó hacia Siria en compañía de Priscila y de Aquila. En Cencreas, a raíz de un voto que había hecho, se hizo cortar el cabello.

Palabra de Dios.

Comentario

Parece una contradicción: mientras que el Señor le dice a Pablo “yo estoy contigo”, muchos lo acusan y lo llevan a un tribunal para juzgarlo. “¿Dónde está el Señor, que prometió estar conmigo?”, podría preguntarse Pablo. Sin embargo, tengamos presente que la presencia de Dios, misteriosa y oculta, no significa que nos sacará mágicamente de los problemas.


Sal 46, 2-7

R. ¡El Señor es el Rey de toda la tierra!

Aplaudan, todos los pueblos, aclamen al Señor con gritos de alegría; porque el Señor, el Altísimo, es temible, es el soberano de toda la tierra. R.

Él puso a los pueblos bajo nuestro yugo, y a las naciones bajo nuestros pies; él eligió para nosotros una herencia, que es el orgullo de Jacob, su predilecto. R.

El Señor asciende entre aclamaciones, asciende al sonido de trompetas. Canten, canten a nuestro Dios, canten, canten a nuestro Rey. R.

Aleluya        cf. Lc 24, 46. 26

Aleluya. El Mesías debía sufrir, y resucitar de entre los muertos, para entrar en su gloria. Aleluya.

Evangelio     Jn 16, 20-23a

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo. También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar. Aquel día no me harán más preguntas”.

Palabra del Señor.

Comentario

Una vez que Jesús toma nuestro corazón, ya no hay lugar para la tristeza o el desaliento. La alegría es el gran distintivo del cristiano. Pero no se trata de una alegría banal o que hace evadirnos de la realidad, sino que proviene de haber encontrado, por fin, el sentido de nuestra vida.

Oración sobre las ofrendas       

Señor, te ofrecemos este sacrificio de alabanza; concédenos que, siguiendo el ejemplo de san Felipe, estemos siempre dispuestos, con alegría, a glorificar tu Nombre y a servir a los hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión      Jn 15, 9

Así como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes, dice el Señor; permanezcan en mi amor.

Oración después de la comunión

Saciados con el pan del cielo, te suplicamos, Padre, que imitando el ejemplo de san Felipe, anhelemos siempre el alimento que nos da la vida verdadera. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Sábado 27 de Mayo de 2017

Misa a elección:

VI Sábado de Pascua. Blanco.
San Agustín de Cantórbery, obispo. (ML). Blanco.


Agustín era de origen italiano. En el año 596, fue elegido por el Papa para ir a evangelizar Inglaterra. Allí se presentó ante el rey, el cual adhirió a la fe. Agustín fue un pastor con un gran poder de organización, administró las diócesis de Londres y de York e impulsó la evangelización en todo el territorio.

Antífona de entrada         1 Ped 2, 9

Ustedes son un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de Aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz. Aleluya.

Oración colecta    

Señor Dios nuestro, renueva nuestros corazones con obras buenas y, al tender siempre hacia lo más perfecto, concédenos vivir plenamente el misterio pascual. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

O bien de san Agustín

Dios nuestro, por la predicación del obispo san Agustín de Cantórbery llevaste al conocimiento del Evangelio a los pueblos de Inglaterra; haz que los frutos de sus esfuerzos se mantengan en tu Iglesia con perenne fecundidad. Por nuestro Señor Jesucristo…

Lectura        Hech 18, 23-28

Lectura de los Hechos de los apóstoles.

Después de haber permanecido un tiempo en Antioquía, Pablo partió de nuevo y recorrió sucesivamente la región de Galacia y la Frigia, animando a todos los discípulos. Un judío llamado Apolo, originario de Alejandría, había llegado a Éfeso. Era hombre elocuente y versado en las Escrituras. Había sido iniciado en el Camino del Señor y, lleno de fervor, exponía y enseñaba con precisión lo que se refiere a Jesús, aunque no conocía otro bautismo más que el de Juan Bautista. Comenzó a hablar con decisión en la sinagoga. Después de oírlo, Priscila y Aquila lo llevaron con ellos y le explicaron más exactamente el Camino de Dios. Como él pensaba ir a Acaya, los hermanos lo alentaron, y escribieron a los discípulos para que lo recibieran de la mejor manera posible. Desde que llegó a Corinto fue de gran ayuda, por la gracia de Dios, para aquellos que habían abrazado la fe, porque refutaba vigorosamente a los judíos en público, demostrando por medio de las Escrituras que Jesús es el Mesías.

Palabra de Dios.

Comentario

El relato muestra la historia y el camino que ha hecho Apolo. Ha recibido el bautismo y, lejos de renunciar a su don de elocuencia, de capacidad de discutir y discernir, destinó esta habilidad para hablar de Cristo. Un hermoso ejemplo que debemos tener para nuestra riqueza y todo nuestro potencial al servicio de la predicación.


Sal 46, 2-3. 8-10

R. ¡El Señor es el Rey de toda la tierra!

Aplaudan, todos los pueblos, aclamen al Señor con gritos de alegría; porque el Señor, el Altísimo, es temible, es el soberano de toda la tierra. R.

El Señor es el Rey de toda la tierra, cántenle un hermoso himno. El Señor reina sobre las naciones, el Señor se sienta en su trono sagrado. R.

Los nobles de los pueblos se reúnen con el pueblo del Dios de Abraham: del Señor son los poderosos de la tierra, y él se ha elevado inmensamente. R.

Aleluya        Jn 16, 28

Aleluya. Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y voy al Padre. Aleluya.

Evangelio     Jn 16, 23b.-28

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta. Les he dicho todo esto por medio de parábolas. Llega la hora en que ya no les hablaré por medio de parábolas, sino que les hablaré claramente del Padre. Aquel día ustedes pedirán en mi Nombre; y no será necesario que yo ruegue al Padre por ustedes, ya que él mismo los ama, porque ustedes me aman y han creído que yo vengo de Dios. Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y voy al Padre”.

Palabra del Señor.

Comentario

La plenitud de la alegría, según estas palabras, proviene de la comunión a través de la oración. Pedir al Padre, hablar con él, estar en él y él en nosotros, plenifica nuestra vida.

Oración sobre las ofrendas       

Santifica los dones que te presentamos, Señor, y, al aceptar este sacrificio espiritual, conviértenos en ofrenda eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión      Jn 17, 24

Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado. Aleluya.

Oración después de la comunión

Después de haber recibido los dones pascuales te pedimos humildemente, Señor, que la Eucaristía que tu Hijo nos mandó celebrar en su memoria aumente la caridad en todos nosotros. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

Domingo 28 de Mayo de 2017

La Ascensión del Señor

(S). Blanco.


Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.


“La Ascensión es todo un reto, un desafío para nosotros. La Ascensión de Jesús nos está diciendo: ‘Ustedes, que tienen ahora en sus manos la buena noticia, ¿qué han hecho con ella?, ¿creen en ella?, ¿la trasmiten?, ¿la llevan a todos los rincones de la tierra?’. La Ascensión no es para ver cómo ‘se va Jesús al cielo’, sino para ver cómo nos quedamos nosotros aquí para sembrar esperanza en este mundo para hacer que el Reino crezca en él, para aceptar, llenos de coraje y de ilusión, el desafío que nos hace Dios de que colaboremos con él en la tarea de transformar este mundo nuestro” (www.mercaba.org/DIESDOMINI/PASCUA/ASCENSION/HO-B.htm).

Antífona de entrada         Hech 1, 11

Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir. Aleluya.

Oración colecta    

Concédenos, Dios todopoderoso, darte gracias con santa alegría, porque en la ascensión de Cristo, tu Hijo, nuestra humanidad es elevada junto a ti, ya que él, como cabeza de la Iglesia, nos ha precedido en la gloria que nosotros, su cuerpo, esperamos alcanzar. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

O bien:        

Dios todopoderoso, al reafirmar, en este día, nuestra fe en la ascensión de tu Hijo único, nuestro Redentor, concédenos que también nosotros podamos vivir espiritualmente en el cielo. Él, que vive y reina contigo...

1ª Lectura    Hech 1, 1-11

Lectura de los Hechos de los apóstoles.

En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo, hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido. Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se les apareció y les habló del Reino de Dios. En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: “La promesa, les dijo, que yo les he anunciado. Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días”. Los que estaban reunidos le preguntaron: “Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?”. Él les respondió: “No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra”. Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos. Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: “Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir”.

Palabra de Dios.

Comentario

Jesús deja de ser visible, se marcha, pero no abandona. Promete que el Padre enviará al Espíritu Santo y, por lo tanto, los discípulos no vivirán en la orfandad. Hoy, cada uno de nosotros, sabe que Jesús nunca abandona. Aunque oculto para nuestros ojos, él está presente en nuestra vida para siempre.


Sal 46, 2-3. 6-9

R. El Señor asciende entre aclamaciones.

Aplaudan, todos los pueblos, aclamen al Señor con gritos de alegría; porque el Señor, el Altísimo, es temible, es el soberano de toda la tierra. R.

El Señor asciende entre aclamaciones, asciende al sonido de trompetas. Canten, canten a nuestro Dios, canten, canten a nuestro Rey. R.

El Señor es el Rey de toda la tierra, cántenle un hermoso himno. El Señor reina sobre las naciones el Señor se sienta en su trono sagrado. R.

2ª Lectura    Ef 1, 17- 23

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso.

Hermanos: Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente. Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos, y la extraordinaria grandeza del poder con que él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza. Este es el mismo poder que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro. Él puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo y la Plenitud de Aquel que llena completamente todas las cosas.

Palabra de Dios.

Comentario

En este comienzo de la carta a los Efesios, Pablo hace una reflexión completa del misterio cristiano y, a la vez, compleja. Distinguir y reflexionar cada uno de sus términos, nos ayudará a conocer más nuestra fe. Nada está por encima de Jesús, no hay poder que lo supere. Por eso, toda nuestra vida se inclina ante él. En este día, sugerimos meditar y hacer silencio ante esta hermosa frase: “Él puso todas las cosas bajo sus pies”.


Aleluya        Mt 28, 19-20

Aleluya. “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”, dice el Señor. Aleluya.

Evangelio     Mt 28, 16-20

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Después de la resurrección del Señor, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de él; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: “Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.

Palabra del Señor.

Comentario

El texto no habla del misterio de la Ascensión. No obstante, podemos deducir que, antes de ocultarse de la vista de los discípulos, Jesús dio sus últimas instrucciones: anunciar el evangelio. Por eso, cuando pensemos en cómo evaluar nuestra comunidad, entre los diferentes “ítems”, nunca perdamos este, que es el motor verdadero de nuestras acciones.

Oración sobre las ofrendas       

Te ofrecemos humildemente este sacrificio, Señor, en la admirable ascensión de tu Hijo; concédenos por este sagrado intercambio elevarnos hacia los bienes celestiales. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión      Mt 28, 20

Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo. Aleluya.

Oración después de la comunión

Dios todopoderoso y eterno, que nos permites participar en la tierra de los misterios divinos, concede que nuestro fervor cristiano nos oriente hacia el cielo, donde ya nuestra naturaleza humana está contigo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lunes 29 de Mayo de 2017


VII de Pascua

Blanco.


Antífona de entrada         Hech 1, 8

Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos hasta los confines de la tierra. Aleluya.

Oración colecta    

Señor Dios, derrama sobre nosotros la fuerza del Espíritu Santo, para que cumplamos fielmente tu voluntad y, con nuestras obras, demos siempre testimonio de ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        Hech 19, 1-8

Lectura de los Hechos de los apóstoles.

Mientras Apolo permanecía en Corinto, Pablo atravesando la región interior, llegó a Éfeso. Allí encontró a algunos discípulos y les preguntó: “Cuando ustedes abrazaron la fe, ¿recibieron el Espíritu Santo?”. Ellos le dijeron: “Ni siquiera hemos oído decir que hay un Espíritu Santo”. “Entonces, ¿qué bautismo recibieron?”, les preguntó Pablo. “El de Juan Bautista”, respondieron. Pablo les dijo: “Juan bautizaba con el bautismo de penitencia, diciendo al pueblo que creyera en el que vendría después de él, es decir, en Jesús”. Al oír estas palabras, ellos se hicieron bautizar en el Nombre del Señor Jesús. Pablo les impuso las manos, y descendió sobre ellos el Espíritu Santo. Entonces comenzaron a hablar en distintas lenguas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres. Pablo fue luego a la sinagoga y durante tres meses predicó abiertamente, hablando sobre el Reino de Dios y tratando de persuadir a los oyentes.

Palabra de Dios.

Comentario

Es muy importante que descubramos que el cristianismo ha hecho procesos en el conocimiento de su fe, porque no ha tenido jamás un “manual” o directivas concretas y claras. De aquí que podamos comprender que los cristianos de este episodio del libro de los Hechos de los apóstoles, no hagan el mismo camino que hoy hacemos nosotros.


Sal 67, 2-7

R. ¡Pueblos de la tierra, canten al Señor!

¡Se alza el Señor! Sus enemigos se dispersan y sus adversarios huyen delante de él. Tú los disipas como se disipa el humo; como se derrite la cera ante el fuego, así desaparecen los impíos delante del Señor. R.

Los justos se regocijan, gritan de gozo delante del Señor y se llenan de alegría. ¡Canten al Señor, entonen un himno a su Nombre! Su Nombre es “el Señor”. R.

El Señor en su santa Morada es padre de los huérfanos y defensor de las viudas: Él instala en un hogar a los solitarios y hace salir con felicidad a los cautivos. R.

Aleluya        Col 3, 1

Aleluya. Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Aleluya.

Evangelio     Jn 16, 29-33

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, los discípulos le dijeron a Jesús: “Por fin hablas claro y sin parábolas. Ahora conocemos que tú lo sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que tú has salido de Dios”. Jesús les respondió: “¿Ahora creen? Se acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado, y me dejarán solo. Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: Yo he vencido al mundo”.

Palabra del Señor.

Comentario

El diálogo denota una gran sinceridad de parte de los discípulos. Ahora ellos puede dar fe de que comprenden un poco más al Señor. Su camino está avanzando, y quedarán aún muchas otras cosas hasta llegar a la paz plena.

Oración sobre las ofrendas       

Te pedimos, Señor, que este santo sacrificio nos purifique e infunda en nosotros la fuerza de tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona      cf. Jn 14, 18; 16, 22

Dice el Señor: “No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes, y se alegrará su corazón”. Aleluya.

Oración después de la comunión

Padre, ayuda con bondad a tu pueblo, que has alimentado con los sacramentos celestiales; concédele apartarse del pecado y comenzar una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martes 30 de Mayo de 2017


VII de Pascua

Blanco.


Antífona de entrada         Apoc 1, 17-18

Yo soy el primero y el último, el viviente. Estuve muerto pero ahora vivo para siempre. Aleluya.

Oración colecta    

Dios omnipotente y misericordioso, te pedimos que, al venir el Espíritu Santo, se digne habitar en nosotros y nos convierta en templos de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        Hech 20, 17-27

Lectura de los Hechos de los apóstoles.

Pablo, desde Mileto, mandó llamar a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso. Cuando estos llegaron, Pablo les dijo: “Ya saben cómo me he comportado siempre con ustedes desde el primer día que puse el pie en la provincia de Asia. He servido al Señor con toda humildad y con muchas lágrimas, en medio de las pruebas a que fui sometido por las insidias de los judíos. Ustedes saben que no he omitido nada que pudiera serles útil; les prediqué y les enseñé tanto en público como en privado, instando a judíos y a paganos a convertirse a Dios y a creer en nuestro Señor Jesús. Y ahora, como encadenado por el Espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que me sucederá allí. Sólo sé que, de ciudad en ciudad, el Espíritu Santo me va advirtiendo cuántas cadenas y tribulaciones me esperan. Pero poco me importa la vida, mientras pueda cumplir mi carrera y la misión que recibí del Señor Jesús: la de dar testimonio de la buena noticia de la gracia de Dios. Y ahora sé que ustedes, entre quienes pasé predicando el reino, no volverán a verme. Por eso hoy declaro delante de todos que no tengo nada que reprocharme respecto de ustedes. Porque no hemos omitido nada para anunciarles plenamente los designios de Dios”.

Palabra de Dios.

Comentario

San Pablo parece estar dando un testamento, unas palabras póstumas. Ellas no denotan desilusión ni desesperanza. Él sabe que Dios lo ha elegido para este momento y, por eso, ha entregado su vida.


Sal 67, 10-11. 20-21

R. ¡Pueblos de la tierra, canten al Señor!

Tú derramaste una lluvia generosa, Señor: tu herencia estaba exhausta y tú la reconfortaste; allí se estableció tu familia, y tú, Señor, la afianzarás por tu bondad para con el pobre. R.

¡Bendito sea el Señor, el Dios de nuestra salvación! Él carga con nosotros día tras día; él es el Dios que nos salva y nos hace escapar de la muerte. R.

Aleluya        Jn 14, 16

Aleluya. Yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito, para que esté siempre con ustedes. Aleluya.

Evangelio     Jn 17, 1-11

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

A la hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús levantó los ojos al cielo, orando así: “Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera. Manifesté tu nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado. Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti”.

Palabra del Señor.

Comentario

En varias oportunidades en el Evangelio de Juan, Jesús habla de “la hora”. Nos dice que está aún no ha llegado, o que ya estamos en ella. La “hora” es el tiempo de la salvación, de la Pascua de Jesús, de la liberación definitiva y del triunfo de Dios sobre el mal.

Oración sobre las ofrendas       

Recibe, Señor, las oraciones de tus fieles junto con estas ofrendas; haz que esta eucaristía, celebrada con amor, nos lleve a la gloria del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión      cf. Jn 14, 26

Dice el Señor: “El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho”. Aleluya.

Oración después de la comunión

Después de haber recibido los dones pascuales te pedimos humildemente, Señor, que la Eucaristía que tu Hijo nos mandó celebrar en su memoria aumente la caridad en todos nosotros. El que vive y reina por los siglos de los siglos.

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