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Editorial SAN PABLO
 
La liturgia cotidiana

La liturgia cotidiana
La Liturgia Cotidiana es una revista mensual que contiene todo lo que la Iglesia conmemora y vive en la Eucaristía: calendario litúrgico, las oraciones de la misa, las lecturas litúrgicas, reflexiones de los textos bíblicos y explicaciones de las fiestas, solemnidades y memorias que se celebran cada día.
Domingo 18/08
Lunes 19/08
Martes 20/08
Miércoles 21/08
Jueves 22/08
Domingo 18 de Agosto de 2019

Domingo 20° durante el año
Verde

Agenda:

- Día del niño. 

Antífona de entrada           Sal 83, 10-11

Señor, protector nuestro, mira el rostro de tu Ungido, porque vale más un día en tus atrios que mil en otra parte.


Oración colecta     

Dios nuestro, que has preparado bienes invisibles para los que te aman, infunde en nuestros corazones la ternura de tu amor para que, amándote en todas y sobre todas las cosas, alcancemos tus promesas que superan todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

1ª Lectura    Jer 38, 3-6. 8-10


Lectura del libro de Jeremías.

El profeta Jeremías decía al pueblo: “Así habla el Señor: ‘Esta ciudad será entregada al ejército del rey de Babilonia, y este la tomará’”. Los jefes dijeron al rey: “Que este hombre sea condenado a muerte, porque con semejantes discursos desmoraliza a los hom­bres de guerra que aún quedan en esta ciudad, y a todo el pueblo. No, este hombre no busca el bien del pueblo, sino su desgracia”. El rey Sedecías respondió: “Ahí lo tienen en sus manos, por­que el rey ya no puede nada contra ustedes”. Entonces ellos tomaron a Jeremías y lo arrojaron al aljibe de Malquías, hijo del rey, que estaba en el patio de la guardia, descol­gándolo con cuerdas. En el aljibe no había agua sino sólo barro, y Jeremías se hundió en el barro. Ebed Mélec salió de la casa del rey y le dijo: “Rey, mi señor, esos hombres han obrado mal tratando así a Jeremías; lo han arro­jado al aljibe, y allí abajo morirá de hambre, porque ya no hay pan en la ciudad”. El rey dio esta orden a Ebed Mélec, el hombre de Cusa: “Toma de aquí a tres hombres contigo, y saca del aljibe a Jeremías, el profeta, antes de que muera”.

Palabra de Dios.


Comentario

“Las palabras de los profetas las seguimos leyendo en el presente, pues aun cuando fueran severas, fueron dichas con un profundo amor por aquellos que, aparte de estar inspirados por Dios sentían la obligación moral de denunciar la falta de ética y la violencia de su tiempo, así como también tenían la capacidad de consolar y esperanzar al pueblo. Y todo ello fue hecho a partir de su gran preocupación por el bienestar espiritual de la nación. Bien haríamos hoy en prestar atención y poder reflexionar” (Rab. Silvina Chemen, Reflexión del domingo 14 de agosto de 2016, Centro Bíblico Nuestra Señora de Sión).


Salmo Sal 39, 2-4. 18


R. ¡Señor, ven pronto a socorrerme!

Esperé confiadamente en el Señor: Él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. R.

Me sacó de la fosa infernal, del barro cenagoso; afianzó mis pies sobre la roca y afirmó mis pasos. R.

Puso en mi boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios. Muchos, al ver esto, temerán y confiarán en el Señor. R.

Yo soy pobre y miserable, pero el Señor piensa en mí; tú eres mi ayuda y mi libertador, ¡no tardes, Dios mío! R.


2ª Lectura    Heb 12, 1-4


Lectura de la carta a los Hebreos.

Hermanos: Ya que estamos rodeados de una verdadera nube de testigos, despojémonos de todo lo que nos estorba, en especial del pecado, que siempre nos asedia, y corramos resueltamente al combate que se nos presenta. Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de nuestra fe, en Jesús, el cual, en lugar del gozo que se le ofrecía, soportó la cruz sin tener en cuenta la infamia, y ahora “está sentado a la derecha” del trono de Dios. Piensen en Aquel que sufrió semejante hostilidad por parte de los pecadores, y así no se dejarán abatir por el desaliento. Después de todo, en la lucha contra el pecado, ustedes no han resistido todavía hasta derramar su sangre.

Palabra de Dios.


Comentario

El dolor o los dolores que podamos padecer en nuestra vida no pueden detener nuestro camino hacia el Señor, quien también cargó la cruz y “ahora está sentado a la derecha de Dios”.


Aleluya          Jn 10, 27

Aleluya. “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen”, dice el Señor. Aleluya.


Evangelio      Lc 12, 49-53


+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Jesús dijo a sus discípulos: Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente! ¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

Palabra del Señor.


Comentario

Jesús ha traído el amor, la paz y la justicia. La opción por Jesús siempre implica un compromiso con la vida social y la construcción de un determinado sistema de vida.

Oración sobre las ofrendas       

Acepta, Señor, nuestra ofrenda, en la cual se realiza un admirable intercambio, para que, al ofrecerte lo que nos diste, podamos recibirte a ti mismo. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Antífona de comunión        Sal 129, 7

En el Señor se encuentra la misericordia y la redención en abundancia.


Oración después de la comunión

Señor y Padre nuestro, unidos a Cristo por este sacramento, imploramos humildemente tu misericordia, para que, hechos semejantes a él en la tierra, merezcamos gozar de su compañía en el cielo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

Lunes 19 de Agosto de 2019

De la feria. Verde.
San Juan Eudes, presbítero. Blanco.

Juan nació en una familia campesina de Normandía y, en 1623, ingresó en el Oratorio de san Felipe Neri. Se consagró a atender a los pobres enfermos de peste y a enseñar a los humildes del campo. Fue un maestro misionero que se ocupó también de la formación de los sacerdotes. Fundó la congregación de Jesús y María.

Antífona de entrada          Sal 83, 10-11

Señor, protector nuestro, mira el rostro de tu Ungido, porque vale más un día en tus atrios que mil en otra parte.


Oración colecta     

Dios nuestro, que has preparado bienes invisibles para los que te aman, infunde en nuestros corazones la ternura de tu amor para que, amándote en todas y sobre todas las cosas, alcancemos tus promesas que superan todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.


O bien:           de san Juan Eudes

Dios nuestro, que elegiste admirablemente al presbítero san Juan Eudes para anunciar las insondables riquezas de Cristo; concédenos que, siguiendo sus ejemplos y enseñanzas, te conozcamos cada vez más y vivamos con fidelidad según la luz del Evangelio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura         Jc 2, 11-19


Lectura del libro de los Jueces.

Los israelitas hicieron lo que es malo a los ojos del Señor y sirvieron a los Baales. Abandonaron al Señor, el Dios de sus pa­dres, que los había hecho salir de Egipto; fueron detrás de otros dioses ?los dioses de los pueblos vecinos? y se postraron delante de ellos, provocando así la indignación del Señor. Abandonaron al Señor para servir a Baal y a Astarté. Por eso, la ira del Señor se encendió contra Israel: Él los puso en manos de salteadores, que los despojaron; los entregó a los enemigos que tenían a su alrededor, y no pudieron oponerles resistencia. En todas las campañas, la mano del Señor se ponía en contra de ellos para hacerles mal, como el mismo Señor lo había dicho y jurado. Así se encontraron en una situación muy angus­tiosa. Entonces el Señor suscitaba jueces, que salvaban a los israe­litas del poder de los salteadores. Pero los israelitas no escucha­ban a sus jueces, sino que se prostituían, yendo detrás de otros dioses y postrándose delante de ellos. Se desviaban muy pronto del camino seguido por sus padres, que habían obedecido los mandamientos del Señor. Ellos, en cambio, no hacían lo mismo. Cuando el Señor les suscitaba jueces, estaba con el juez y los salvaba de las manos de sus enemigos mientras vivía el juez, por­que se compadecía de los gemidos que les provocaban sus opresores y perseguidores. Pero cuando moría el juez, volvían a per­vertirse más aún que sus antepasados: iban detrás de otros dioses para servirlos y postrarse delante de ellos, sin renunciar en nada a sus malas acciones y a su conducta obstinada.

Palabra de Dios.


Comentario

Adorar a otros “dioses” o “ídolos” no es cuestión del pasado o de “tribus primitivas”. Hoy también tenemos la posibilidad de desterrar a Dios y sustituirlo por “ídolos” humanos o materiales.


Salmo Sal 105, 34-37. 39-40. 43ab. 44


R. ¡Acuérdate de mí, Señor!

No exterminaron a los pueblos como el Señor les había mandado; se mezclaron con los paganos e imitaron sus costumbres. R.

Rindieron culto a sus ídolos, que fueron para ellos una trampa. Sacrificaron en honor de los demonios a sus hijos y a sus hijas. R.

Se mancharon con sus acciones y se prostituyeron con su mala conducta; por eso el Señor se indignó contra su pueblo y abominó de su herencia. R.

El Señor los libró muchas veces, pero ellos se obstinaron en su actitud. Sin embargo, él miró su aflicción y escuchó sus lamentos. R.


Aleluya          Mt 5, 3

Aleluya. Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Aleluya.


Evangelio      Mt 19, 16-22


+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Se acercó un hombre a Jesús y le preguntó: “Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?”. Jesús le dijo: “¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bue­no? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos”. “¿Cuáles?”, preguntó el hombre. Jesús le respondió: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testi­monio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo”. El joven dijo: “Todo esto lo he cumplido: ¿qué me queda por hacer?”. “Si quieres ser perfecto, le dijo Jesús, ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme”. Al oír estas palabras, el joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes.

Palabra Del Señor.


Comentario

No basta solo con cumplir con los preceptos, ni siquiera con entregar todo el dinero a los pobres en un acto de desprendimiento heroico. Lo que determina, en definitiva, vivir o no la vida eterna es seguir a Jesús, de lo cual dependerán el resto de las opciones.

Oración sobre las ofrendas         

Acepta, Señor, nuestra ofrenda, en la cual se realiza un admirable intercambio, para que, al ofrecerte lo que nos diste, podamos recibirte a ti mismo. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Antífona de comunión        Sal 129, 7

En el Señor se encuentra la misericordia y la redención en abundancia.


Oración después de la comunión

Señor y Padre nuestro, unidos a Cristo por este sacramento, imploramos humildemente tu misericordia, para que, hechos semejantes a él en la tierra, merezcamos gozar de su compañía en el cielo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

123
Martes 20 de Agosto de 2019

San Bernardo, Abad.
Memoria. Blanco.

Bernardo pertenecía a una familia noble. A los 22 años, abandonó todo e ingresó en un monasterio cisterciense. Al ser nombrado abad de Claraval (año 1101), produjo en ese monasterio y en los alrededores una gran renovación espiritual. Intervino en concilios y asesoró a los papas buscando la purificación de la Iglesia. En sus escritos, se destaca el modo en que presenta la humildad de Cristo y la devoción a María.

Antífona de entrada         

El Señor colmó a san Bernardo con el espíritu de entendimiento, para servir al pueblo de Dios con abundante doctrina.


Oración colecta                 

Dios nuestro, que encendiste al abad san Bernardo con el celo por tu casa e hiciste de él una lámpara que brillaba y ardía en tu Iglesia, concédenos por su intercesión que, animados por ese mismo espíritu, caminemos siempre como hijos de la luz.  Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura         Jc 6, 11-24a


Lectura del libro de los Jueces.

El Ángel del Señor fue a sentarse bajo la encina de Ofrá, que pertenecía a Joás de Abiézer. Su hijo Gedeón estaba moliendo trigo en el lagar, para ocultárselo a los madianitas. El Ángel del Señor se le apareció y le dijo: “El Señor está contigo, valiente guerrero”. “Perdón, señor, le respondió Gedeón; pero si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos sucede todo esto? ¿Dónde están todas esas maravillas que nos contaron nuestros padres, cuando nos decían: ‘El Señor nos hizo subir de Egipto’? Pero ahora él nos ha desamparado y nos ha entregado en manos de Madián”. El Señor se volvió hacia él y le dijo: “Ve, y con tu fuerza salvarás a Israel del poder de los madianitas. Soy yo el que te envío”. Gedeón le respondió: “Perdón, Señor, pero ¿cómo voy a sal­var yo a Israel, si mi clan es el más humilde de Manasés y yo soy el más joven en la casa de mi padre?”. “Yo estaré contigo, le dijo el Señor, y tú derrotarás a Madián como si fuera un solo hombre”. Entonces Gedeón respondió: “Señor, si he alcanzado tu fa­vor, dame una señal de que eres realmente tú el que está hablan­do conmigo. Te ruego que no te muevas de aquí hasta que yo regrese. En seguida traeré mi ofrenda y la pondré delante de ti”. El Señor le respondió: “Me quedaré hasta que vuelvas”. Gedeón fue a cocinar un cabrito y preparó unos panes sin levadura con una medida de harina. Luego puso la carne en una canasta y el caldo en una olla; los llevó debajo de la encina y se los presentó. El Ángel del Señor le dijo: “Toma la carne y los panes ácimos, deposítalos sobre esta roca y derrama sobre ellos el caldo”. Así lo hizo Gedeón. Entonces el Ángel del Señor tocó la car­ne y los panes ácimos con la punta del bastón que llevaba en la mano, y salió de la roca un fuego que los consumió. En seguida el Ángel del Señor desapareció de su vista. Gedeón reconoció entonces que era el Ángel del Señor, y exclamó: “¡Ay de mí, Señor, porque he visto cara a cara al Ángel del Señor!”. Pero el Señor le respondió: “Quédate en paz. No temas, no morirás”. Gedeón erigió allí un altar al Señor y lo lla­mó: “El Señor es la paz”.

Palabra de Dios.


Comentario

Hoy podríamos volver al planteo de Gedeón con nuestras propias palabras, y podríamos decir: “Perdón, Señor, pero ¿por qué nos va tan mal y hay tantos dolores en el país y en el mundo?”. Seguramente Dios también nos respondería como lo hizo con este hombre, con palabras similares a estas: “Con tus propias fuerzas, con tus propias energías, con tus propias capacidades, andá a trabajar para ayudar a tus hermanos”. Como Gedeón, a veces acusamos a Dios de no hacer lo que debemos hacer nosotros.


Salmo Sal 84, 9. 11-14


R. El Señor promete la paz para su pueblo.

Voy a proclamar lo que dice el Señor: el Señor promete la paz, la paz para su pueblo y sus amigos, y para los que se convierten de corazón. R.

El Amor y la Verdad se encontrarán, la Justicia y la Paz se abrazarán; la Verdad brotará de la tierra y la Justicia mirará desde el cielo. R.

El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos. La Justicia irá delante de él, y la Paz, sobre la huella de sus pasos. R.


Aleluya          2Cor 8, 9

Aleluya. Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza. Aleluya.


Evangelio      Mt 19, 23-30


+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que difícilmente un rico entrará en el Reino de los Cielos. Sí, les repito, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos”. Los discípulos quedaron muy sorprendidos al oír esto y dije­ron: “Entonces, ¿quién podrá salvarse?”. Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: “Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible”. Pedro, tomando la palabra, dijo: “Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos tocará a noso­tros?”. Jesús les respondió: “Les aseguro que en la regeneración del mundo, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, que me han seguido, también se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y el que a causa de mi nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna. Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros”.

Palabra del Señor.


Comentario

El problema que se plantea aquí no está centrado en la riqueza material solamente, sino en todo lo que puede atarnos para seguir al Señor. Pueden ser los bienes materiales, las relaciones humanas o el encadenamiento a nuestros propios desórdenes personales. Lo fundamental es despojarnos de lo que nos quita la libertad.

Oración sobre las ofrendas       

Te ofrecemos, Señor, este sacramento de la unidad y de la paz en memoria del abad san Bernardo, que brilló por su palabra y sus obras y promovió con firmeza la concordia y la disciplina en tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Antífona de comunión        Cf. Jn 15, 9

Así como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes, dice el Señor; permanezcan en mi amor.


Oración después de la comunión

Te pedimos, Dios nuestro, que el alimento recibido en la conmemoración de san Bernardo produzca su fruto en nosotros, para que, fortalecidos por sus ejemplos y siguiendo sus enseñanzas, arda en nosotros el amor por tu Verbo encarnado. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

Miércoles 21 de Agosto de 2019

San Pío X, papa.
Memoria. Blanco.

El papa Pío nació en Venecia (Italia), en una familia humilde. Una vez ordenado sacerdote, tuvo muy diversas funciones, hasta que fue nombrado cardenal y, finalmente, elegido Papa en el año 1903. El lema de su pontificado fue “Instaurar todo en Cristo”. Promovió la música religiosa, el canto gregoriano, la reforma del Derecho Canónico y los movimientos y asociaciones de laicos. Redactó un catecismo y fomentó la comunión de los niños. Por esto, es el patrono de los catequistas y hoy se celebra el Día del Catequista. Es una buena ocasión para que recemos por aquellos catequistas que nos formaron en la fe y por todos esos hombres y mujeres que llevan adelante esta hermosa misión.


Agenda:

- Día del Catequista

Antífona de entrada          

El Señor lo eligió como sumo sacerdote, y abriendo sus tesoros, lo colmó de bienes.


Oración colecta     

Dios nuestro, que para defender la fe católica e instaurar todas las cosas en Cristo, colmaste de sabiduría divina y de fortaleza apostólica al papa san Pío X; concédenos que, siguiendo sus enseñanzas y ejemplos, alcancemos la recompensa eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura         Jc 9, 6-15


Lectura del libro de los Jueces.

Se reunieron todos los señores de Siquém y todo Bet Miló, y fueron a proclamar rey a Abimélec, junto a la encina de la piedra conmemorativa que está en Siquém. Cuando le llevaron la noticia a Jotám, este se puso en la cima del monte Garizím, y gritó con voz potente: “Escúchenme, seño­res de Siquém, y que Dios los escuche a ustedes: Los árboles se pusieron en camino para ungir a un rey que los gobernara. Entonces dijeron al olivo: ‘Sé tú nuestro rey’. Pero el olivo les respondió: ‘¿Voy a renunciar a mi aceite con el que se honra a los dioses y a los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles?’. Los árboles dijeron a la higuera: ‘Ven tú a reinar sobre nosotros’. Pero la higuera les respondió: ‘¿Voy a renunciar a mi dulzura y a mi sabroso fruto, para ir a mecerme por encima de los árboles?’. Los árboles dijeron a la vid: ‘Ven tú a reinar sobre nosotros’. Pero la vid les respondió: ‘¿Voy a renunciar a mi mosto que alegra a los dioses y a los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles?’. Entonces, todos los árboles dijeron a la zarza: ‘Ven tú a reinar sobre nosotros’. Pero la zarza respondió a los árboles: ‘Si de veras quieren ungirme para que reine sobre ustedes, vengan a cobijarse bajo mi sombra; de lo contrario, saldrá fuego de la zarza y consumirá los cedros del Líbano’”.

Palabra de Dios.


Comentario

Jotám, en esta fábula, compara la zarza con el rey Abimélec, al cual considera tan inservible como un arbusto incapaz de crecer o de dar frutos. Aunque es incapaz, por su ambición, Abimélec llegó al poder. Jotám denunció esta situación, que le hará mucho daño al pueblo.


Salmo Sal 20, 2-7


R. ¡El rey se regocija por tu fuerza, Señor!

Señor, el rey se regocija por tu fuerza, ¡y cuánto se alegra por tu victoria! Tú has colmado los deseos de su corazón, no le has negado lo que pedían sus labios. R.

Porque te anticipas a bendecirlo con el éxito y pones en su cabeza una corona de oro puro. Te pidió larga vida y se la diste: días que se prolongan para siempre. R.

Su gloria se acrecentó por tu triunfo, tú lo revistes de esplendor y majestad; le concedes incesantes bendiciones, lo colmas de alegría en tu presencia. R.


Aleluya          Heb 4, 12

Aleluya. La Palabra de Dios es viva y eficaz; discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Aleluya.


Evangelio      Mt 19, 30—20, 16


+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Jesús dijo a sus discípulos: Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros. Porque el Reino de los Cielos se pare­ce a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envió a su viña. Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: “Vayan ustedes también a mi viña y les paga­ré lo que sea justo”. Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: “¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?”. Ellos les respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Entonces les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña”. Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: “Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros”. Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y re­cibieron cada uno un denario. Llegaron después los primeros, cre­yendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, dicien­do: “Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del traba­jo y el calor durante toda la jornada”. El propietario respondió a uno de ellos: “Amigo, no soy in­justo contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. ¿O no tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?”. Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.

Palabra del Señor.


Comentario

Las parábolas suelen tener un argumento ilógico ante los ojos humanos. En este caso, desde el punto de vista de la justicia humana, uno debería considerar que no es justo que cobre el mismo salario el que trabajó una hora que el que trabajó todo el día. Sin embargo, el Reino de Dios está en “otra lógica”: la de la inclusión de todos los hijos de Dios, independientemente de su tiempo de labor o de sus obras. Esta paradoja nos alcanza también a nosotros, que podríamos quejarnos al enterarnos de que Dios recibe en su Casa a quienes “no trabajaron lo mismo que nosotros”.

Oración sobre las ofrendas       

Recibe con bondad, Señor, nuestras ofrendas y concédenos que, dóciles a las enseñanzas del Papa san Pío X, celebremos con dignidad estos santos misterios y los recibamos con espíritu de fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Antífona de comunión        Cf. Jn 21, 17

Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero.


Oración después de la comunión

Señor y Dios nuestro, al celebrar la fiesta de san Pío X te rogamos que, por la eficacia de esta eucaristía, seamos constantes en la fe y vivamos unidos en tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jueves 22 de Agosto de 2019

Santa María, Reina

María no solo vela por la Iglesia. Ella tiene un corazón tan amplio como el mundo e implora ante el Señor de la historia por todos los pueblos. Esto lo registra la fe popular que encomienda a María, como Reina maternal, el destino de nuestras naciones” (Documento de Puebla, nro. 289).


Agenda:

- Día mundial del Folklore

Antífona de entrada          Cf. Sal 44, 10

La Reina está de pie, a tu derecha, con un vestido precioso, rodeada de esplendor.


Oración colecta                 

Padre, que nos diste como Madre y Reina nuestra a la Madre de tu Hijo, concédenos en tu bondad que, sostenidos por su intercesión poderosa, alcancemos la gloria de hijos tuyos en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura         Jc 11, 29-39a


Lectura del libro de los Jueces.

El espíritu del Señor descendió sobre Jefté, y este recorrió Galaad y Manasés, pasó por Mispá de Galaad y desde allí avan­zó hasta el país de los amonitas. Entonces hizo al Señor el siguiente voto: “Si entregas a los amonitas en mis manos, el prime­ro que salga de la puerta de mi casa a recibirme, cuando yo vuelva victorioso, pertenecerá al Señor y lo ofreceré en holocausto”. Luego atacó a los amonitas, y el Señor los entregó en sus manos. Jefté los derrotó, desde Aroer hasta cerca de Minit ?eran en total veinte ciudades? y hasta Abel Queramím. Les infligió una gran derrota, y así los amonitas quedaron sometidos a los israelitas. Cuando Jefté regresó a su casa, en Mispá, le salió al encuen­tro su hija, bailando al son de panderetas. Era su única hija; fuera de ella, Jefté no tenía hijos ni hijas. Al verla, rasgó sus vestiduras y exclamó: “¡Hija mía, me has destrozado! ¿Tenías que ser tú la causa de mi desgracia? Yo hice una promesa al Señor, y ahora no puedo retractarme”. Ella le respondió: “Padre, si has prometido algo al Señor, tienes que hacer conmigo lo que prometiste, ya que el Señor te ha permitido vengarte de tus enemigos, los amonitas”. Después añadió: “Sólo te pido un favor: dame un plazo de dos meses para ir por las montañas a llorar con mis amigas por no haber tenido hijos”. Su padre le respondió: “Puedes hacerlo”. Ella se fue a las montañas con sus amigas, y se lamentó por haber quedado vir­gen. Al cabo de los dos meses regresó, y su padre cumplió con ella el voto que había hecho.

Palabra de Dios.


Comentario

“Tenemos que ser muy críticos de Jefté y no tratar de justificarlo, porque la victoria que quiere alcanzar por medio del sacrificio de su hija no es para gloria de Dios, sino para su propia gloria. Dios está en silencio y es totalmente ajeno a este macabro voto” (Comentario de La Biblia de Nuestro Pueblo, Ed. Mensajero).


Salmo Sal 39, 5. 7-10


R. ¡Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad!

¡Feliz el que pone en el Señor toda su confianza, y no se vuelve hacia los rebeldes que se extravían tras la mentira! R.

Tú no quisiste víctima ni oblación; pero me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios, entonces dije: “Aquí estoy”. R.

“En el Libro de la Ley está escrito lo que tengo que hacer: yo amo, Dios mío, tu voluntad, y tu Ley está en mi corazón”. R.

Proclamé gozosamente tu justicia en la gran asamblea; no, no mantuve cerrados mis labios, tú lo sabes, Señor. R.


Aleluya          Cf. Sal 94, 7. 8

Aleluya. Si escuchan la voz del Señor, no endurezcan el corazón. Aleluya.


Evangelio      Mt 22, 1-14


+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.       

Jesús se dirigió a los sumos sacerdotes y fariseos, diciendo esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir. De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: “Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas”. Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apode­raron de los servidores, los maltrataron y los mataron. Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores: “El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren”. Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados. Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. “Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?”. El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: “Átenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes”. Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.

Palabra del Señor.


Comentario

Las parábolas suelen mostrarnos contradicciones o exageraciones para llamar nuestra atención. Los invitados originarios se excusan de ir a la boda, símbolo de la fiesta del Reino. Es algo raro, ¿quién se rehusaría ante semejante invitación? Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas veces preferimos obviar las propuestas de Dios y ponemos otras prioridades por encima de las prioridades de Dios.

Oración sobre las ofrendas       

Te ofrecemos, Señor, nuestros dones, al celebrar la memoria de la santísima Virgen María, y te pedimos que nos ayude la bondad de tu Hijo, que en la cruz se ofreció a sí mismo como víctima inmaculada. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Antífona de comunión        Cf. Lc 1, 45

Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor.


Oración después de la comunión

Padre, después de recibir el sacramento celestial, te pedimos que quienes celebramos la memoria de la santísima Virgen María, merezcamos participar del banquete eterno. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Liturgia


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