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Editorial SAN PABLO
 
La liturgia cotidiana

La liturgia cotidiana
La Liturgia Cotidiana es una revista mensual que contiene todo lo que la Iglesia conmemora y vive en la Eucaristía: calendario litúrgico, las oraciones de la misa, las lecturas litúrgicas, reflexiones de los textos bíblicos y explicaciones de las fiestas, solemnidades y memorias que se celebran cada día.
Domingo 29/03
Lunes 30/03
Martes 31/03
Domingo 29 de Marzo de 2020

Domingo 5° de Cuaresma
Morado.

Antífona de entrada           Cf. Sal 42,1-2

Hazme justicia, Señor, y defiende mi causa contra la gente sin piedad: líbrame del hombre falso y perverso, Señor, porque tú eres mi Dios, mi fortaleza.


Oración colecta     

Señor y Dios nuestro, te rogamos que tu gracia nos conceda participar generosamente de aquel amor que llevó a tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

1ª Lectura    Ez 37, 12-14


Lectura de la profecía de Ezequiel.

Así habla el Señor: “Yo voy a abrir las tumbas de ustedes, los haré salir de ellas, y los haré volver, pueblo mío, a la tierra de Israel. Y cuando abra sus tumbas y los haga salir de ellas, ustedes, mi pueblo, sabrán que yo soy el Señor. Yo pondré mi espíritu en ustedes, y vivirán; los estableceré de nuevo en su propio suelo, y así sabrán que yo, el Señor, lo he dicho y lo haré”.

Palabra de Dios.


Comentario

Dios nos ha creado para la vida y la comunión. Su promesa, por lo tanto, es dar vida. Su Espíritu nos hace vivir ya aquí, anticipadamente en esta tierra, la plenitud que nos dará en la resurrección.


Salmo Sal 129, 1-5. 6c-8


R. En el Señor se encuentra la misericordia.


Desde lo más profundo te invoco, Señor. ¡Señor, oye mi voz! Estén tus oídos atentos al clamor de mi plegaria. R.

Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir? Pero en ti se encuentra el perdón, para que seas temido. R.

Mi alma espera en el Señor, y yo confío en su palabra. Como el centinela espera la aurora, espere Israel al Señor. R.

Porque en él se encuentra la misericordia y la redención en abundancia: Él redimirá a Israel de todos sus pecados. R.


2ª Lectura    Rom 8, 8-11


Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma.

Hermanos: Los que viven de acuerdo con la carne no pueden agradar a Dios. Pero ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo. Pero si Cristo vive en ustedes, aunque el cuerpo esté sometido a la muerte a causa del pecado, el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes.

Palabra de Dios.


Comentario

La carta describe toda la obra que el Espíritu Santo realiza en nosotros. Esto nos llena de alegría, porque no es nuestro esfuerzo ni nuestro mérito lo que nos alcanzará la vida, sino el don amoroso y gratuito de Dios.


Aclamación   Jn 11, 25-26

“Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí no morirá jamás”, dice el Señor.

Evangelio     

Jn 11, 1-7. 20-27. 33b-45.
(Texto breve) 


+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo. Las hermanas de Lázaro enviaron a decir a Jesús: “Señor, el que tú amas, está enfermo”. Al oír esto, Jesús dijo: “Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”. Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando oyó que este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Después dijo a sus discípulos: “Volvamos a Judea”. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará” Marta le respondió: “Sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”. Ella le respondió: “Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo”. Jesús, conmovido y turbado, preguntó: “¿Dónde lo pusieron?”. Le respondieron: “Ven, Señor, y lo verás”. Y Jesús lloró. Los judíos dijeron: “¡Cómo lo amaba!”. Pero algunos decían: “Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podía impedir que Lázaro muriera?”. Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, y dijo: “Quiten la piedra”. Marta, la hermana del difunto, le respondió: “Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto”. Jesús le dijo: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?”. Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: “Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sé que siempre me oyes, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Después de decir esto, gritó con voz fuerte: “¡Lázaro, ven afuera!”. El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo para que pueda caminar”. Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.

Palabra del Señor.


Comentario

Este último domingo de Cuaresma, nos pone directamente ante el misterio de la vida y de la muerte. Lázaro está muerto, no puede pedir por sí mismo, está enterrado, “huele mal” y está maniatado con vendas. Toda su figura nos exhorta a mirarnos a nosotros mismos, cuando somos vencidos por el pecado y morimos por su causa. Jesús, que nos ama, quiere decir sobre cada uno de nosotros su palabra poderosa. Respondamos con la misma fe de Marta: “Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios”.

Oración sobre las ofrendas         

Escúchanos, Dios todopoderoso, y por este sacrificio purifica a estos hijos tuyos que has iniciado en la fe cristiana. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Antífona de comunión        Jn 11, 26

Dice el Señor: “Todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás”.


Oración después de la comunión

Dios todopoderoso, concédenos que podamos contarnos siempre entre los miembros de Cristo, cuyo Cuerpo y Sangre hemos recibido. Que vive y reina por los siglos de los siglos.


Oración sobre el pueblo

Padre, bendice a tu pueblo que espera en tu misericordia y concédele que obtenga lo que desea por tu inspiración. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lunes 30 de Marzo de 2020

De la feria. Morado.

Antífona de entrada          Cf. Sal 55, 2-3

Ten piedad de mí, Señor, porque mis enemigos me asedian y combaten contra mí.


Oración colecta     

Señor Dios nuestro, cuya gracia inefable nos enriquece con toda clase de bendiciones; concédenos pasar de la antigua servidumbre del pecado a una vida nueva y así prepararnos para la gloria del Reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura          (Texto breve) Dn 13, 41c-62


Lectura de la profecía de Daniel.

Susana fue condenada a muerte. Pero ella clamó en alta voz: “Dios eterno, tú que conoces los secretos, tú que conoces todas las cosas antes que sucedan, tú sabes que ellos han levantado contra mí un falso testimonio. Yo voy a morir sin haber hecho nada de todo lo que su malicia ha tramado contra mí”. El Señor escuchó su voz: cuando la llevaban a la muerte, suscitó el santo espíritu de un joven llamado Daniel, que se puso a gritar: “¡Yo soy inocente de la sangre de esta mujer!”. Todos se volvieron hacia él y le preguntaron: “¿Qué has querido decir con esto?”. De pie, en medio de la asamblea, él respondió: “¿Son ustedes tan necios, israelitas? ¡Sin averiguar y sin tener evidencia ustedes han condenado a una hija de Israel! Vuelvan al lugar del juicio, porque estos hombres han levantado un falso testimonio contra ella”. Todo el pueblo se apresuró a volver, y los ancianos dijeron a Daniel: “Ven a sentarte en medio de nosotros y dinos qué piensas, ya que Dios te ha dado la madurez de un anciano”. Daniel les dijo: “Sepárenlos bien a uno del otro y yo los interrogaré”. Cuando estuvieron separados, Daniel llamó a uno de ellos y le dijo: “¡Hombre envejecido en el mal! Ahora han llegado al colmo los pecados que cometías anteriormente cuando dictabas sentencias injustas, condenabas a los inocentes y absolvías a los culpables, a pesar de que el Señor ha dicho: ‘No harás morir al inocente y al justo’. Si es verdad que tú la viste, dinos bajo qué árbol los has visto juntos. Él respondió: “Bajo una acacia”. Daniel le dijo entonces: “Has mentido a costa de tu cabeza: el Ángel de Dios ya ha recibido de él tu sentencia y viene a partirte por el medio”. Después que lo hizo salir, mandó venir al otro y le dijo: “¡Raza de Canaán y no de Judá, la belleza te ha descarriado, el deseo ha pervertido tu corazón! Así obraban ustedes con las hijas de Israel, y el miedo hacía que ellas se les entregaran. ¡Pero una hija de Judá no ha podido soportar la iniquidad de ustedes! Dime ahora, ¿bajo qué árbol los sorprendiste juntos?”. Él respondió: “Bajo un ciprés”. Daniel le dijo entonces: “Tú también has mentido a costa de tu cabeza: el Ángel de Dios te espera con la espada en la mano, para partirte por el medio. Así acabará con ustedes”. Entonces toda la asamblea clamó en alta voz, bendiciendo a Dios que salva a los que esperan en él. Luego, todos se levantaron contra los dos ancianos, a los que Daniel por su propia boca había convencido de falso testimonio, y se les aplicó la misma pena que ellos habían querido infligir a su prójimo. Para cumplir la Ley de Moisés, se los condenó a muerte, y ese día se salvó la vida de una inocente.

Palabra de Dios.


Comentario

Susana había sido falsamente acusada de adulterio. Sin defensa posible, se confía en Dios. Entonces, el joven profeta Daniel desenmascara a los acusadores. Dios quiere hacer valer su justicia poniendo al descubierto a quienes se aprovechan de los vulnerables.


Salmo Sal 22, 1-6


R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.


El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo. R.


Versículo      Ez 33, 11

Yo no deseo la muerte del malvado, sino que se convierta y viva.


Evangelio      Jn 8, 1-11


+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Jesús fue al monte de los Olivos. Al amanecer, volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles. Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?”. Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que arroje la primera piedra”. E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado?”. Ella le respondió: “Nadie, Señor”. “Yo tampoco te condeno –le dijo Jesús–. Vete, no peques más en adelante”.

Palabra del Señor.


Comentario

La mujer es llevada al centro de la escena y puesta allí, acusada y condenada, sin posibilidad de defensa. Nadie dialoga con ella. Sólo Jesús le habla, y así le da la posibilidad de expresarse. Jesús no condena, sino que enseña a mirar hacia adelante para que transitemos la vida sin pecado y en paz. ¡Qué escena tan esperanzadora para quien se reconoce pecador! Y qué buen cuestionamiento para quien quiere juzgar y condenar rápidamente a otros.

Oración sobre las ofrendas       

Te pedimos, Señor, que quienes nos disponemos a celebrar los santos misterios te ofrezcamos la feliz pureza del alma como fruto de la penitencia corporal. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Antífona de comunión        Jn 8, 10-11

Mujer, ¿nadie te ha condenado? Nadie, Señor. Yo tampoco te condeno; vete, no peques más en adelante.


Oración después de la comunión

Fortalecidos por la celebración de tus sacramentos te pedimos, Padre, que seamos purificados de nuestros vicios y lleguemos a ti por el diligente seguimiento de Cristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.


Oración sobre el pueblo (Facultativa)

Perdona, Señor, los pecados del pueblo que te suplica, para que perseverando en una vida santa, no sea vencido por las adversidades. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Martes 31 de Marzo de 2020

De la feria. Morado.

Antífona de entrada           Sal 26, 14

Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor.


Oración colecta     

Concédenos, Padre, perseverar en el cumplimiento de tu voluntad para que, en este tiempo en que vivimos, el pueblo consagrado a tu servicio crezca en número y en santidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura         Núm 21, 4-9


Lectura del libro de los Números.

Los israelitas partieron del monte Hor por el camino del Mar Rojo, para bordear el territorio de Edóm. Pero en el camino, el pueblo perdió la paciencia y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: “¿Por qué nos hicieron salir de Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!”. Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrasadoras, que mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas. El pueblo acudió a Moisés y le dijo: “Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de nosotros esas serpientes”. Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le dijo: “Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un mástil. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará sanado”. Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un mástil. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba sano.

Palabra de Dios.


Comentario

La murmuración sofocante y abrasadora que estaba matando a los israelitas era como las serpientes, que se arrastran por lo bajo. En lugar de agudizar sus miradas hacia lo alto, al camino que se les abría, se envenenaban con su incomprensión y descontento. El cambio sólo era posible mirando a lo alto, para recibir de allí la fuerza y la liberación del Padre, que está en los cielos.


Salmo Sal 101, 2-3. 16-21


R. ¡Señor, escucha mi oración!


Señor, escucha mi oración y llegue a ti mi clamor; no me ocultes tu rostro en el momento del peligro; inclina hacia mí tu oído, respóndeme pronto, cuando te invoco. R.

Las naciones temerán tu Nombre, Señor, y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria: cuando el Señor reedifique a Sión y aparezca glorioso en medio de ella; cuando acepte la oración del desvalido y no desprecie su plegaria. R.

Quede esto escrito para el tiempo futuro y un pueblo renovado alabe al Señor: porque él se inclinó desde su alto Santuario y miró a la tierra desde el cielo, para escuchar el lamento de los cautivos y librar a los condenados a muerte. R.


Versículo     

La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo; el que lo encuentra permanece para siempre.


Evangelio      Jn 8, 21-30


+Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Jesús dijo a los fariseos: “Yo me voy, y ustedes me buscarán y morirán en su pecado. Adonde yo voy, ustedes no pueden ir”. Los judíos se preguntaban: “¿Pensará matarse para decir: ‘Adonde yo voy, ustedes no pueden ir’?”. Jesús continuó: “Ustedes son de aquí abajo, yo soy de lo alto. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso les he dicho: ‘Ustedes morirán en sus pecados’. Porque si no creen que yo soy, morirán en sus pecados”. Los judíos le preguntaron: “¿Quién eres tú?”. Jesús les respondió: “Esto es precisamente lo que les estoy diciendo desde el comienzo. De ustedes, tengo mucho que decir, mucho que juzgar. Pero aquel que me envió es veraz, y lo que aprendí de él es lo que digo al mundo”. Ellos no comprendieron que Jesús se refería al Padre. Después les dijo: “Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que yo soy y que no hago nada por mí mismo, sino que digo lo que el Padre me enseñó. El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada”. Mientras hablaba así, muchos creyeron en él.

Palabra del Señor.


Comentario

Otra vez la pregunta: “¿Quién eres tú?”. Y Jesús recurre a la ubicación de lo alto y lo bajo para darse a entender. Hacia lo alto, se eleva el corazón que quiere encontrar a Dios. Hacia lo alto, será elevado Jesús, primero en la cruz, después en su ascensión. Dejemos de arrastrarnos por lo bajo, y elevemos a él nuestra mirada.

Oración sobre las ofrendas         

Te ofrecemos, Señor, este sacrificio de reconciliación, para que mediante tu misericordia perdones nuestras faltas y dirijas nuestros corazones vacilantes. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Antífona de comunión        Cf. Jn 12, 32

Dice el Señor: “Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”.


Oración después de la comunión

Concédenos, Dios todopoderoso, que anhelando tus divinos misterios merezcamos alcanzar los dones del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Oración sobre el pueblo (Facultativa)

Dios nuestro, que no rechazas con ira sino que prefieres mostrar misericordia a quienes esperan en ti, concédenos arrepentimos de nuestros pecados, para recibir el consuelo de tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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